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miércoles, 14 de noviembre de 2012

En los ocios de mi padre #9 - Sus notitas de gramática diaria. Vol. III

Volumen III de las notitas de gramática diarias.


#15 - Una sugerencia: no es que sea yo muy víbora, pero casi nadie que conozca sabe sugerir, y se la pasan explicando todo aunque digan que lo están sugiriendo. Como que unas buenas clases de vocabulario les vendrían muy bien; digo, ahí a quien le caiga el saco.
     Ahora, una recomendación: No digan que van a dar una "sugerencia" cuando van a explicar su idea. Las sugerencias son sugerentes, o sea, indirectas. Si lo que quieren es hacer notar lo buenas que son sus opiniones, valdría más "proponer" o "recomendar", porque eso de sugerir a veces no funciona con los más distraídos, aún con todo y sus no sugeridas explicaciones.

#16 - A propósito de preposiciones.
     Acá en México la cultura es una sarta de misterios que bien vale la pena dejar sin explicación. Por ejemplo, es muy común escuchar que las amas de casa o los anfitriones de carne asada llamen a la gente a sentarse "en la mesa". Los comensales entonces responden sin la menor contrariedad y se dirigen al comedor. Lo peor de todo es que cuando uno se prepara para ver el espectáculo de viejecitas o eminencias políticas trepándose al mueble como se esperara, todos terminan sentándose "a la mesa", pese a la clara instrucción antes dada, de lo que el anfitrión no tiene el menor cuidado.
    Así las cosas. Ya tienen el dato, para que no se pierdan en la traducción de costumbres y le hagan caso a eso de comer encima de los muebles.

#17 - "Casi" es un adverbio; "prácticamente", también, y casi se parecen, pero prácticamente tienen funciones distintas. "Casi" es para cuando algo se aproxima mucho en apariencia o en modo a otra cosa, como cuando uno está casi seguro de que "prácticamente" sirve para lo mismo, pero en realidad sirve para cuando algo funciona igual que lo original, aunque no lo sea, como que un Vocho y un Beatle no son iguales, pero "para efectos prácticos", funcionan para lo mismo. Y ya avisados, usen las palabras prácticamente correctas, para no parecer casi listos, que lo casi casi, por más que se acerque, no es lo mero mero.

#18 - México pasa por un periodo crisis social, todos los sabemos. Y aunque recurramos a escapes tan bonitos como aprender de gramática y delicadezas semejantes, la gente se empeña en recordarlo una y otra vez, sobre todos los conductores, que aprovechan cualquier irrupción vehicular para hablar del "tráfico" esto, y el "tráfico" aquello. Qué tienen que ver los percances en el "tránsito", la circulación de vehículos por las vías urbanas, con cualquier clase de "tráfico", la transportación y comercio ilícito de cualquier bien, no me queda muy claro, pero si prefieren vivir enajenados en temas que tanto turban el alma, allá ellos.

#19 - Los aniversarios son asuntos muy bonitos, aunque se entiende cuando a algunos no les cae en mucha gracia que se repita una fecha, sobre todo cuando el número se ve más feo cuanto más grande... o el cónyuge, cada quién. Lo que no se vale es disimularlo por pura flojera, porque eso de que celebren el 52 aniversario de esto o aquello se escucha y se lee de lo peor, más aún cuando escrito se resuelve con un simplísimo "°". Dicho sí hay que ponerle un poquitín más de empeño, pero piensen en la satisfacción de desenrollar "quincuagésimo segundo" frente a la muchedumbre absorta ante tan apabullante elocuencia. Si de plano no se acuerdan de cómo se llama cada uno de los números ordinales, arrímense un rato a una clase de 3er año de primaria.

#20 - A ver, indios, ya es hora de que aprendan. Aunque seguramente los indios ya saben, y eso que no hablan español; así que mejor se los explico a ustedes: indios son las personas originarias de India. ¿Pues que no esos son hindúes? Bueno, sí, la mayoría, pero no todos, que ya muchos son cristianos. ¿Y los indígenas? Pues depende, porque habría que saber primero indígenas de dónde, porque indígenas somos todos, pero de diferentes regiones. Si todavía no entienden, no es porque sean (o no) indios, hindúes o indígenas; lo que son, probablemente, es bastante zafios.

#21 - ADVERTENCIA: Para facilitar la experiencia del espectador, la siguiente notita será exhibida en REDUNDOVISIÓN. Disculpe las molestias que esto pueda ocasionar.
     En la vida suceden eventos arbitrarios que ocurren sin ser previamente planeados. Si tales eventos fueran previstos con anterioridad, podrían enfrentarse de mejor y más apta manera, pero ya no serían "eventos" fortuitos, sino proyectos ya anticipados con antelación. Por lo tanto, uno no puede decir que "va a ir a un evento" en la escuela o a la plaza, porque los eventos no se planean. La "actividades" a realizar, en cambio, si deben ser premeditadas de antemano, de lo contrario, podrían presentarse "eventos" con eventualidad irregular, y eso sí que no se pueden prevenir.

Éste fue se volumen III de las notitas de gramática diarias. Hasta la próxima.

lunes, 24 de septiembre de 2012

En los ocios de mi padre #8 - Sus notitas de gramática diarias. Vol. II

2° volumen de las Notitas de gramática diarias.

#8 - Al grano: "camuflajeado" está mal. No, no importan cuántas veces la hayan escuchado, repetido, ni a qué eminencia político-literario-antropológica se la hayan fusilado, así no se dice. Es "camuflado". La manera más fácil de recordarlo es pensar en el verbo "aterrizar", que no se convierte en "Esperemos que todo haya salido bien y el avión haya aterrizajeado con éxito". Listo. Ya pueden dejar de "avergonzojearse" involuntariamente... Ese último ejemplo fue camuflado por motivos enteramente pedagógicos.

#9 - Su notita interactiva. Señalen las diferencias:
  • ¡Ay de aquellos hombres que se anegan en los pantanos del amor!
  • Hay de aquellos hombres que prefieren remar la segura balsa de la indiferencia.
  • Ahí, de aquellos hombres que esperan que lleguen solitas, las muy incautas.
Sí, ahí hay respuesta a sus incógnitas morfológicas, que seguro les apuran tanto aclarar. ¡Ay de aquél que la siga regando!

#10 - O sea, es decir, la expresión que se emplea para replantear la idea anterior, se compone de dos palabras, o sea que debe ser escrita con un espacio en medio. Esto a penas se entiende, penas de andar escribiendo mal para que lo corrijan a uno, pero a poco no se siente rebonito cuando ya sabe uno expresarse bien adrede, y no "al drede", como muchos libertinos del lenguaje.

#11 - Una de las más bonitas gracias de nuestro español es el subjuntivo, que si la gente entendiera del todo, podría usar correctamente. Para aclararlo un poquitín, olvídense de eso de que "el hubiera no existe"; sí que existe, pero nomás si lo usan como condicionante, y no como consecuencia, que para eso está el pospretérito (otro bonito artilugio castellano). Esto seguro ya lo habrían entendido si yo hubiese usado ejemplos, o, si hubieran puesto atención, no tendrían que andar preguntando, pero ya que insisten: "Si hubieras escrito esto como lo estás leyendo, hubieras estado mal, como mal está esta oración."
Ahí se las dejo de tarea.

#12 - Lo echado hecho está, y después de echado se puede deshacer si lo echaron muy recio. Si después de echado lo hecho se deshace, seguro ya no es más que desecho, y los desechos deshechos se echan a la basura. Punto. Si el hecho es que lo dicho no echa luz sobre el asunto, les deshago la duda para que la desechen: "Las latas se echan al bote, y los desechos también. Los deshechos, que ya no están hechos, se reciclan para no tirarlos."
PD: "Hechar" las cosas no es más que desecho del lenguaje, mejor desháganse de eso.

#13 - Resolvamos la ancestral interrogante: ¿Por qué? Pues porque es pregunta; mejor expresado, porque son dos palabras, una preposición y un pronombre. Si fuera respuesta, sería conjunción, y sería una sola, porque escribir "por que" (sin acento) no tiene ningún uso. Eviten, pues, usar la conjunción "porque" en preguntas, o la interrogación "¿por qué?" en afirmaciones, a menos que sean muy duchos en esto de la sintaxis y salgan con joyitas como "¿Porque te crees muy listo me vas cambiar la palabras?", o "Si supieras por qué ésta no es una pregunta, no andarías tan errado."

#14 - ¡LAS MAYÚSCULAS SIEMPRE SE ACENTÚAN! Siempre. No existe, en ésta nuestra era de la información y despliegue digital, razón alguna para dejar de acentuar las mayúsculas... a menos que no les haga falta, claro. Y ya metidos en asuntos capitales, la única razón para usar mayúsculas en un texto son las siglas. Si quieren hacer énfasis, para eso están las cursivas y los signos de admiración. Otras circunstancias serán evaluadas con base en cada caso. Muchas gracias.

Éste fue su volumen II de Notitas de gramática diarias. Hasta la próxima.

viernes, 10 de agosto de 2012

En los ocios de mi padre #7 - Sus notitas de gramática diarias. Vol. I

¡De vuelta al blog! Sí, que sí. Sin más ni  más, aquí el primer volumen de las notitas de gramática tan de moda en mi perfil de Facebook.

#1 - No se puede prometer algo que ya sucedió. Si le quieres asegurar a alguien más que algo ya ha ocurrido, o que te consta un hecho, se dice "te lo aseguro", o su variante más mística, "te lo juro", pero no puedes decir cosas como "Mi novia está más buena que el Santo y la Madre Teresa juntos, te lo prometo", o "¿No me crees? Te lo prometo que sí terminé de ver el último capítulo de Grey's Anatomy sin cortarme los brazos."

#2 - Y ahora un momento de reflexión: ¿de qué le sirve al hombre envidiar lo que ya tiene, si de todas maneras no lo comparte ni consigo mismo? Le valdría más ser "egoísta", así de perdida él va a disfrutarlo. Mi recomendación es que no sean ninguna de las dos, y si hay alguien que no quiere compartir lo suyo, háganle notar que es un "egoísta", y que ustedes se "mueren de la envidia" por que les convide aunque sea un poquito. Así que no sean envidiosos, mejor pidan amablemente, verán cómo se le quita lo egoísta su prójimo.

#3 - Aunque vengamos de haber venido bienvenidos, cuando sólo podamos recordarlo tendremos que decir que vinimos, porque ya no venimos, ¿por qué? Pues porque ya llegamos. En términos menos barrocos, "vinimos" es para el pasado, cuando ya no venimos, y "venimos" y es cuando apenas vamos, en el presente. Diremos entonces "Venimos huyendo de la tormenta que se vino", justo ahora, o "Desde que vinimos, la lluvia nomás viene que viene", porque la venida fue ya en el pasado.
PD: En cualquier caso, quien diga "veniste", pues que pase a regresarse, que eso no lleva a ningún lado.

#4 - Pese a lo que... gran parte de... los usuarios de la... Internet... pudieran sugerir... he comprobado personalmente que... al contrario de lo... dicho por la cultura... popular... el uso indiscriminado de... puntos suspensivos en un texto no... propicia la secreción de... endorfinas... no produce altos índices de... placer... ni permite alcanzar... estados psicológicos ni... espirituales de satisfacción... personal.... Qué lástima...
     En concreto, el uso correcto más recurrido, que no el único, de los puntos suspensivos es dejar una oración o idea inconclusa. Ejemplo: para saber cómo usar los puntos suspensivos, el secretó está en...

#5 - ¡Vamos a haber! Sí, habremos de ver para qué sirve haber la buena costumbre de usar correctamente los verbos. Si quieren ver, pues abran (sin hache) bien los ojos. Y si quieren haber, pues ahí búsquenle el modo. Veamos, pues, unos bien habidos ejemplos: "A ver, díganme si va a haber bronca." o "Para que puedas ver, vamos a la óptica, allí ha de haber lentes."

#6 - Es hora, digo yo, de asentar base a nuestros argumentos. ¿Cómo? A base de confianza y seguridad, con base en el uso de la inteligencia, pues en base a... ajem... perdón; pues envase adecuado de las buenas ideas es el buen lenguaje. No salgan entonces con burradas "en base al" mal juicio, que de plano ni bien dicho está. Les queda más bonito así: "Con base en los últimos resultados, la selección mexicana puede ganarle a los otros equipos a base de meter más goles que ellos."

#7 - Percibo una falta muy grave cada vez que alguien pasa desapercibido. Resulta que para sobresalir y tener éxito en la vida hay que saber "apercibirse" con inteligencia, astucia, o de perdida con un buen gas pimienta, de lo contrario pasaremos "inadvertidos" ante los ojos de la buena ventura. Mejor es apercibirse hasta los dientes, parafraseando a la sabiduría popular, porque eso de "pasar desapercibido" es de incultos y no de soldados camuflados, quienes más bien "pasan inadvertidos" después de apercibirse, o armarse, con su militar atuendo.

Éstas fueron sus notitas de gramática, Vol. I. ¡Hasta la próxima!

miércoles, 29 de febrero de 2012

En los ocios de mi padre #6 - Ficciones de vida

Ficciones de vida

“Una vez más, la realidad supera a la ficción” cita el célebre juicio popular, hablando de noticias que perturban la cotidianidad: avionazos presidenciales (o secretariales, al menos), terremotos bíblicos, eras glaciales contemporáneas y demás escenarios que ya antes se han planteado en las múltiples disciplinas del imaginario, cine, TV, y por supuesto, literatura.
Cómo negarlo. La verdad es que este es un  mundo, y un México, sin duda, revolucionado constantemente por el avance tecnológico, las disputas ideológicas y las nuevas realidades sociales; poco vale en estos días preocuparse por situaciones ajenas a una realidad que, por otro lado, merece nuestra perpetua atención, no sea y se nos escape de las manos. Paradójicamente, el estado todavía, aunque siempre cambiante, de posmodernidad en el que se desenvuelve nuestra civilización tiende en gran medida a ocuparse del aislamiento mental que proporcionan las actividades de recreación como las que se mencionaron –siendo la lectura siempre el último lugar del maratón, por desgracia.
            Pero no es esta recreación –esta ociosidad, si se quiere– un medio como la catarsis griega para la liberación del espíritu, o un espacio para el ejercicio crítico ni el análisis; es en cambio un abismo de alienación en el que las conciencias colectiva e individual se dejan perder por unas horas al día, un antifaz de falsedad que permite olvidarse por completo del hipercambiante plano de lo tangible, de lo que conduce y trastoca nuestras andanzas insomnes.
      ¡Pero esto es el absoluto opuesto de la ficción! La ficción es precisamente el entendimiento de la realidad, la apropiación del entorno a través de un análisis estético y de una transportación racional y emocional de experiencias reales. Conforme al cliché, la poesía –y por extensión la literatura y el arte en general— transmiten sentimientos, de la misma manera que transmiten ideales, perspectivas, realidades enteras. ¿Son falsos estos sentimientos y estas ideas? ¿Son las experiencias vividas en libro o una película propias del lector o el espectador? Caray, ¿son experiencias si quiera?
            Por supuesto. Toda experiencia de la realidad sufrida (o gozada) a través de la ficción es en efecto una experiencia de vida. Podemos llamarnos tan expertos en navegación trasatlántica como el más condecorado capitán de marina si hemos leído tantas novelas de corsarios y exploradores como veces aquél haya atravesado el océano. ¿Son iguales las experiencias presenciales (por no diferenciarlas como reales) a las ficticias? Definitivamente no; de hecho, ni siquiera son esencialmente similares, pero las diferencias que las delimitan en ningún momento convierten a la ficción en experiencias falsas.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Filosofía de Butaca #2 - Descorche de taquilla

Prefacio
No me disculparé más; aunque pensándolo bien, entradas a razón mensual no parecen demasiado terribles. Los dejo pues con la de noviembre.

Descorche de taquilla

Tenemos todos que aceptar que la mayoría de las veces en que algo nos parece ridículo e irrelevante es más bien por ignorancia, o al menos por indiferencia, que por obra del buen juicio. Un ejemplo: pocas cosas me parecen tan apabullantemente ridículas como la cata de vinos; no el gusto por los buenos vinos, o la capacidad de diferenciar un buen vino de uno malo. Me refiero al ritual catatónico de la degustación de vinos, en las que he escuchado descripciones como “audaz” o “atrevido” ¡Cómo diablos va a ser audaz un vino! Sin mencionar que la mayoría de las personas que he observado descifrando cosechas y regiones con la nariz se conforma, a mi recatado parecer, por petulantes ricachones.
                No obstante, admito abiertamente que este punto de vista no lo baso en argumentos clínicos ni filosóficos; simplemente nunca me ha parecido interesante o relevante esta práctica, como no me interesan tampoco las carreras de caballos o los resultados de los certámenes internacionales de belleza (sólo los resultados; el proceso no me es del todo indiferente). Pero seguramente si contara con algo de conocimiento en las áreas que componen estas disciplinas o estuviera de alguna manera involucrado en ellas, me resultarían bastante más dignas de interés; habría, por ejemplo, agregado al listado anterior el mundo de las tendencias en moda, pero The Devil wears Prada me proporcionó una perspectiva similar a la que no he experimentado con el resto de las materias mencionadas.

Mmm... quizá algo así avivaría un poco el interés.

                Traigo el tema a discusión en esta su columna de cine, porque hay una práctica en la cultura cinéfila que, me parece, recibe este tipo de trato de parte de la mayoría: la crítica de cine. Como se ha hecho notar con anterioridad, el espectador común no regula en ninguna medida mayor a su gusto por un actor o un género las películas que ve cada vez que acude al cine, llegando al punto de presentarse en la taquilla sin haber pensado siquiera cuál quiere ver. No juzgaré (de nuevo) esta actitud, incluso le daré el beneficio de asumir, momentáneamente, que el cine tiene como principal función entretener y alejarnos de la vida cotidiana. Pero aún si lo único que se requiere es un relajante periodo de desmentalización, nunca está de más un poco de información previa sobre lo que vamos a ver; después de todo, uno no va al peluquero sin pensar antes si quiere sólo un despunte o una revolución total de look, ni decide entrar a un restaurante italiano y luego se pregunta por qué no hay sushi en el menú.
               Y aún con todo lo anterior, el grueso de la población decide ignorar, si no menospreciar, la opinión de la crítica especializada, creyendo que es un montón de ultraderechistas del cine, o de presuntuosos sabelotodos que no se conforman si cada película no es exactamente como la esperan; y aunque admito que por desgracia hay demasiados habladores que refuerzan este molde, una actitud más sensata sería creer que seguramente saben más del tema que la mayoría, y que su perspectiva, más informada que la propia, debería ser tomada en cuenta. Sí, los catadores de vino son unos engreídos cuya mayor preocupación será decidir en cuál ojo se pondrán el monóculo cada noche, pero seguramente saben mucho más de vino que yo, que en realidad no tolero las menores concentraciones de alcohol, y si por alguna razón me encuentro con una copa que ellos hayan recomendado, tendré un punto de partida para pensar que un sorbo de ella será considerablemente mejor que el vino empacado en TetraPack.
                Además, la imagen del crítico huraño pasado de peso por tanto estar sentado y por tanto quejarse de cada película que no es una emulación íntegra de Citizen Kane se ha convertido en un paradigma ya casi falto de todo valor. Para el verdadero bien de toda la comunidad, la crítica cinematográfica ha migrado de la postura ultraconservadora a una que entiende que, de hecho, la función del cine no es únicamente entretener, sino entender distintos círculos sociales, distintas formas de pensamiento, distintas estéticas y culturas a las que distintas películas se dirigen o de las cuales se expresan. Existen perspectivas críticas que entienden los puntos dignos de valoración tanto del cine de autor como de los filmes de grindhouse¸ de los festivales internacionales como de los maratones de clásicos de la ciencia ficción. La crítica entiende a los diferentes públicos y las películas que apelan a cada uno, precisamente porque dicha crítica mana del conocimiento que se ha colectado con el tiempo en cada uno de estos nichos; y las más inteligentes y visionarias deshacen incluso estas últimas líneas, encontrando los puntos de comparación entre las propuestas más aparentemente disímiles. La crítica, la buena crítica, que hay que aprender a reconocer, enriquece la experiencia de todos los espectadores, tanto de los que no dejan de perseguir cada corte en la edición, como la de los que no recuerdan bien el nombre del actor principal.
                Por mi parte, la próxima vez que brinde con un Marqués de Griñón 1999 (que no será demasiado pronto, de cualquier manera) y lo disfrute, pensaré que si me resulta más estructurado y potente en la boca que uno más aromático y sutil, sabré a quien agradecerle la experiencia.
                Más estructurado… ¡qué diantres!

martes, 4 de octubre de 2011

Filosofía de Butaca #1 - Cinéfilos y cinéptas

Prefacio:

¡Ah, caray! Un mes sin entradas. Sí que me hace falta más ocio. ¿Y lo peor? Esta entrada es invitada. El invitado de ahora... de hecho soy yo, pero con una colaboración externa, escrita con fines algo distintos a los de blog, aunque con un tema hermano, el cine. Seguramente notarán el tono bastante menos soez de este artículo, pero lo añado para no dejar al blog tan solito, y porque el asunto que trata es más que pertinente.
       Sín más, los dejo con la primera sesión de Filosofía de Butaca.

Cinéfilos y Cinépatas


Bien, lectores y degustadores de cine y de la cháchara filosófica, sean bienvenidos a Filosofía de Butaca, en donde estaremos hablando de cine; particularmente, hablaremos y pensaremos sobre la experiencia del espectador desde la butaca, no sólo, y de hecho en la menor medida, de películas en particular, sino de todos los elementos que se involucran en el delicioso, relajante, excitante, catártico, abrumante, desgastante y a veces confuso arte de la apreciación cinematográfica. Si se encontraron con el artículo anterior, seguramente ya tienen una buena idea de nuestra dinámica.
                Tratemos en esta ocasión una cuestión, me parece, bien emblemática de esta experiencia, pese al hecho de que muy pocas veces pasa por la mente de quienes tenemos la costumbre de presentarnos con regular frecuencia en las taquillas.
              El asunto es el siguiente: existen dos clases de personas que asisten a las salas, aquellas a quienes les gusta el Cine (mayúscula deliberada), y aquellas a las que les gusta ir al cine. Los primeros se caracterizan por tener, en general, y no necesariamente de carácter sobre-especializado, un conocimiento cinematográfico amplio, actores, directores, géneros y demás datos básicos acerca del pasatiempo que tanto disfrutan. Y créanme cuando digo que no me refiero exclusivamente a algunos de los gurús de la cinematografía de los que seguramente conocen uno o dos, de esos que enlistan la filmografía entera de los cineastas de culto, o señalan las características clínicas de los parteaguas de uno u otro género, pues no cualquiera tiene la oportunidad de adentrarse en este, por desgracia, no tan amplio sector; se trata simplemente de la responsabilidad y privilegio personal de disfrutar lo que se ve en el cine, siguiendo exclusivamente el gusto propio, sin repetir hipócritamente lo que algún crítico de pantalla diga, o alabar cintas clásicas que de plano no pudieron soportar hasta el final. A esta variedad de individuos los llamaremos cinéfilos.
                El otro sector de la población peliculera se conforma por personas algo menos comprometidas con la producción fílmica, de gusto que no llamaré inferior, pero sí menos identificado, que decide qué película quiere ver no al momento de escuchar sobre la fecha de su estreno o de enterarse espontáneamente de alguna reseña, sino en el momento de escanear la cartelera a metros de la ventanilla de los boletos. Personas que tienen la costumbre, evolucionada a veces en compulsión patológica, de asistir cada miércoles o cada sábado a su sala de proyección favorita, sin importar la naturaleza de su oferta, porque, caray, lo que no faltará serán películas que ver. En el más informado de los casos, escogerán su película por los actores que aparecen en ella, que los buenos cinéfilos sabrán, no es tan mala idea de vez en cuando, pero los actores no indican por ellos mismo la calidad de las películas en las que aparecen (“I’m looking at you, Johnny Depp”). A este bastante más amplio círculo me gusta llamar cinépatas, porque para ellos el cine es más impulso que gusto.

"Ahhh... miércoles... miércoles de 2x1... ahhhh..."

                Pese a la aspereza de la última afirmación, no creo, en principio, que la segunda postura sea esencialmente mala o peor que la primera, o que hubiera que evitarla en favor de la contraria. Creo que el cine, como toda forma particular de manifestación artística, no tiene que acaparar la atención o el gusto absoluto de quien quiera disfrutarlo de forma ocasional. Yo por ejemplo, no soy ningún experto sabedor de pintura, no conozco muchos más nombres que los clásicos o los muy publicitados, no sé reconocer en su entera constitución sus elementos formales, perspectiva, iluminación, tendencia, etc., como sí podría hacerlo con la fotografía, el guión o la edición; no son de ninguna manera limitantes estos aspectos de mi formación (o falta de ella) para asistir a una muestra o galería, aunque no sepa bien realmente a lo que me enfrento, y no dejo de gozar una experiencia como ésta, como no debieran dejar de disfrutar un película los aficionados casuales.
                El problema es que el cine, como medio, es fundamento de la percepción estética de la sociedad actual. En términos más bondadosos: todos vemos cine, no es nuestra elección preferir al cine como uno de nuestros pasamientos predilectos; es pasatiempo predilecto de todos, aún de quienes no les gusta realmente, de quienes no lo aprecian en su totalidad, que, reitero, no es por inmadurez o irresponsabilidad (al menos no en muchos de los casos), sino por el más puro gusto particular, individual. Nuestro contexto cultural no ofrece alternativas artísticas para que quienes no se interesen naturalmente por los filmes, pudieran hacerlo por la arquitectura, la fotografía, el teatro, o ya por lo menos por formas de cine distintas a las de la oferta convencional, tema seguro para otra sesión de filosofía butaquera.
                Por lo pronto, y para terminar de una buena vez, los dejo con esta reflexión: el cine es para disfrutarse, por quienes lo quieran disfrutar, por todos, pero no pretendamos que todos deban ser expertos analistas, ni que todos debamos de dejar de tomarlo tan en serio; espacio y oídos hay para todos. Pero sí recomiendo que no se conviertan en cinépatas, no se acostumbren a ir al cine, gócenlo, y si no tienen ganas de cine, hay muchas otras experiencias por descubrir; si se dan la oportunidad, seguramente expandirán los límites de todas las áreas de su vida, y cuando regresen a las salas, los esperaré junto a mi butaca.

jueves, 8 de septiembre de 2011

En los Ocios de mi Padre #5 - LOL ^_^… ¬¬ … ;-)

Prefacio:
Pues al fin les cumplí aquello de la frecuencia irregular. Por desgracia, ese será el ritmo de las actualizaciones, por lo menos durante el futuro perceptible, pues mis actuales ocupaciones demandan muchísimo de mi tiempo… y esa es una excelente razón para seguir pensando y hablado sobre el ocio, que tanta falta nos hace.
                Aprovecho este momento para invitarlos a aportar material invitado, el cual recibiré y publicaré con mucho gusto para no dejar tan abandonado este espacio. Sin más pues, a por el tema de esta ocasión.

El asunto que abordaré ahora, tendré que admitirlo, es uno en el que soy un verdadero neófito, o al menos, más bien un aficionado que un buen sabedor; y un aficionado muy reciente, para consolidar mi inexperiencia. Es la Internet. Pero tengo una excusa bastante buena, me parece, y es que el mundo mismo a penas comienza a sacarle provecho a esto de la hipercomunicación y el espacio informático infinito.
                ¿Mi postura frente al fenómeno emblema de la generación del sigo XXI? ¡Me encanta! De verdad creo, desde el más recóndito rincón de mi interior, que gracias a la Internet pasamos por la mejor época de florecimiento cultural que la humanidad haya atravesado jamás; en palabras del amigo de un amigo: la Internet permite a cualquiera ser un hombre del Renacimiento. Piensen en la maravilla de esta afirmación: todo el conocimiento, el intelecto, la creatividad y los productos de esta creatividad colectados y al alcance del menor esfuerzo de investigación. Aunque tal sentencia no sea (aún) completamente cierta, lo que le falta es en realidad muy poco, poco que será asimilado irremediablemente conforme la cultura de la información absorbe al resto de la cultura (pensamiento de apariencia apocalíptica, pero conforme el conservadurismo exacerbado se le va descamando a uno de la piel, es más fácil de digerir y aceptar con gusto). ¿Qué habría significado hacer una afirmación como ésta, no digamos hace 100 o 200, hace 20 años, a un pasante de doctorado, a un reportero, a un historiador o a un artista? ¿Toda la información del mundo desde una misma fuente, una titánica base de datos que hable al mismo tiempo de medicina, geografía, pintura, cine, mecánica y turismo? Quizá nosotros mismo no nos damos cuenta de la magnitud de ello, viviendo inmersos en ella todos los días, pero lo cierto es que viendo el cuadro desde la perspectiva adecuada, tenemos una de las ventajas más provechosas y aprovechables de la historia de la humanidad consciente. Y cabe mencionar que éste es sólo un solo aspecto de la Red, el aspecto del acceso a la información, pero cualquiera de los más improductivos usuarios de Facebook diría que gran parte del encanto de la Internet no es lo que le sacamos sino lo que le metemos, que no todo es aportación.
                No obstante, el motivo para sacar del archivo este tema y no otro de los muchos que están aún pendientes es una nota que vi en un noticiero, y que por desgracia no he podido corroborar (qué mal, Internet, yo hablando tan bien de ti…), que dice que aquí en México tenemos el primer lugar internacional de consumo de ocio por Internet: 80% del tiempo que cada mexicano promedio ocupa conectado a la Red se dedica actividades de ocio. ¿Pero que maravilla, no? Que los mexicanos usemos Internet para desarrollar nuestro intelecto, reflexionar, disfrutar formas de expresión creativa y aprender sobre temas diversos a través del portal mágico a la información universal, suena bastante bien; 80% quizá sea mucho, pero bueno, al menos no lo usan para perder el tiempo por no tener nada… Un momento… se refiere a esa otra definición de ocio, de la que hablamos la otra vez aquí y de la cual nos queremos deshacer por incorrecta y perniciosa, esa definición de ocio… Con una…
                Pues sí, los mexicanos usamos la Internet para perder el tiempo; más precisamente, la mayor parte este tiempo se usa en revisar cuentas de redes sociales, ver videos y comunicarse mediante servicios de mensajería instantánea como MSN Messenger. Personalmente, creo que por sí mismas, en teoría, estas actividades son mucho más valiosas de lo que se perciben ­–la mensajería instantánea en menor medida, pues no es más que un medio bastante informal, pero tiene sus ventajas.
                No obstante, el uso práctico de estas alternativas es mucho menos que loable. Las redes sociales, Facebook en particular, no se usan para mucho más que para la mejor definición que haya experimentado alguna vez de perder el tiempo; en realidad la gente hace absolutamente nada en el tiempo que invierte en las redes social, desde publicar estados como “Me duelen los pies” o “Se me atoró un cacho de elote en los dientes” (con mucho peor ortografía, claro) hasta etiquetar con 20 nombres las 200 fotos que las chicas de secundaria se toman en los espejos de los baños, el mismo día, en la misma sesión fotográfica. Ver videos en youtube, por otra parte, no se aparta de ver alguna de las 50 distintas iteraciones y remixes del más reciente percance entre el ser humano y el alcohol captado por alguna cámara sin mejores objetivos; el FUA es el más reciente, o al menos es el último del que he tenido noticia.
                Tanto la percepción que describí al principio como el uso enervante e improductivo de la Internet no son demasiado reveladores en ellos mismos, pero comparadas, definitivamente hacen surgir la reflexión sobre cómo y por qué razón una fuente tan maravillosa como es la Red puede desaprovecharse de manera tan absurda, y… bueno, de hecho ese es el propósito de esta entrada, despertar esa reflexión y movilizar una solución.
            Y no se trata de ninguna manera de reprender a cualquiera que no está descubriendo los pormenores de las invasiones sarracenas o leyendo columnas editoriales de alcance internacional por seguir la cuenta de Twitter de los chistes de Ninel Conde. El tema aquí es que la Internet ha desarrollado su propio lenguaje de entretenimiento y contenido, y existen opciones valiosísimas que únicamente se encuentran en línea: historietas y animaciones flash, cortometrajes, series cómico-documentales, documentales tradicionales sobre temas no tanto, pintura y arte gráfico, incluso literatura independiente (caso al que estoy particularmente afiliado con una página que auspicio y que al rato les presumo), todo con un tono que se va consolidando cada vez más y de manera más contundente, que además impacta a otros medios y que más pronto que tarde dejará de escapar de las serias miradas académicas que tanta falta le hacen. Existen, por supuesto, los miles y miles de sitios dedicados a todos los temas que interesan a cualquiera, desde la cartelera hollywoodense de la semana hasta los últimos avances en la clandestina ciencia fringe, así que absolutamente nadie tiene excusa para no aventarse un chapuzón, o de perdida refrescarse en algún chapoteadero.
                Y empezar es de lo más sencillo, basta con googlear (falta hablar también del bonito vocabulario webero) la palabra y el tema que nos interese y comenzar a profundizar; pero si quieren algo más específico, les recomiendo páginas como StumbleUpon, que los manda directamente a contenidos relacionados con los temas que les interesen. Les recomiendo también checarse un programa de ForoTV que trata precisamente sobre contenido interesante en Internet, Fractal, que si no los convence, al menos se echan un buen taco con la guapa que anuncia los sitios.
                Ufff… vaya que faltan cosas por comentar, pues como ven, esto de la Amplia Red Mundial me tiene embelesado, pero no es para menos. Bástenos ahora reflexionar, y si ya lo habíamos hecho, hacer reflexionar a otros sobre el potencial que tiene para nuestro provecho intelectual y recreativo. Nos leeremos en la próxima, acá en los Ocios de mi Padre.

Les dejo links a Stumble y a PublicaLibre, la página de publicación literaria que estoy apoyando, en la cual además pueden publicar sus propios trabajos, y pueden además contratar el servicio de corrección de redacción y estilo: